Cultura
Tonos y Toneles: los 50 años de la peña que le ganó al olvido
Existen lugares que nacen y mueren siendo privados, es decir, un par de paredes con dueño. Sin embargo, otros logran derribar esas barreras, fundirse y convertirse en parte de la memoria colectiva. Tonos y Toneles es un ejemplo de esto último. La peña cordobesa cumplió medio siglo y lo festejó en una noche setentera donde, otra vez, la palabra y la canción fueron la forma de resistencia, ya no a la época más oscura del país, sino al olvido que trae consigo el paso del tiempo.
La cartelera debe ser atractiva para que un miércoles por la noche una larga fila interrumpa el paso cotidiano por la vereda del Teatro Comedia. La ocasión lo ameritaba. Cientos de bohemios y bohemias de distintas generaciones se dieron cita para recuperar la memoria y revivir, al menos por un rato, las noches peñeras de Tonos y Toneles, a 50 años de aquel 17 de abril de 1976 cuando el bar comenzó a escribir su historia.
“El acierto del festejo de Tonos y Toneles es haber comprendido lo que es la memoria colectiva, porque pasaron 50 años y había tres generaciones dentro del Comedia. Una parte de la sala no llegó, por edad, a ir a la peña. Así que haber recordado eso, para los más grandes sobre todo, fue mágico. Realmente mágico. La gente se fue con una felicidad tremenda”, relató Néstor “Tito” Acevedo, fundador del emblemático boliche que funcionó a la vera del río Suquía.
A lo largo de la noche ocuparon el escenario distintos artistas, en un cruce de trayectorias y generaciones. El Negro Álvarez, Silvia Lallana junto a Marcelo Santos, Las Azules, Horacio Sosa, Sergio Korn y el Dúo Coplanacu. También hubo dos gratos regresos: el del Zurdo Roqué y Tere Ferrero, fundadores del grupo Quetral, y del Dúo Argentino. Los momentos de narración estuvieron presentes de la mano del trovador Chiquito Catramboni, Aldo Guizzardi y Tito en dupla con Pablo Aguiar.
Quetral y el Dúo Argentino no estaban activos desde hace un largo tiempo, y no había señales de un regreso a los escenarios. Por eso, la efeméride sirvió como puente para el reencuentro de la gente con sus artistas, aquellos que propiciaban un ambiente de canto y risa durante los años de plomo. Una especie de viaje a los ‘70 a través de la música y el encuentro.
“Fue un homenaje a los que resistieron, al público que noche a noche iba a Tonos a escuchar a sus artistas, sus poetas y músicos y que más de una vez los llevaban presos. Eso fue la resistencia, a mí solo me tocó estar ahí”, contó “Tito” sobre la celebración.
Donde los duendes cantan: la vuelta a Santa Fe 450
El ritual no podía terminar cuando bajara el telón del Comedia. Para revivir los años de Tonos y Toneles era necesario volver a aquella casa de Barrio Clínicas donde funcionó la resistencia. “Haber logrado que se abriera el lugar donde fue Tonos y que ahí se armara una guitarreada, con empanadas y vino, como las de antes, fue la frutilla de la torta”, comentó quien portó las llaves del lugar que funcionó hasta 1993 y sigue siendo recordado como un refugio de la cultura.
– ¿Qué funciona hoy en esa casa de Santa Fe 450?
– Hoy hay un bar chiquito donde hacen comida peruana. Yo fui y hablé con la dueña y le conté la situación. ¿Sabés qué me dijo? Me contó que hay gente que va y pide permiso para entrar, da una vuelta en silencio y se va.
– El lugar sigue siendo parte de la historia de vida de quienes iban a las peñas.
– Si, de hecho a los días me hicieron una nota ahí y me preguntaron qué sentía estando de nuevo después de tantos años y metafóricamente respondí: “Y siento que estoy rodeado de fantasmas”. Cuando se fue el periodista la dueña me preguntó si lo decía en serio porque los mozos dicen que a la noche cuando cierran se escuchan ruidos de mesas y sillas. Así que le dije que se quedara tranquila que después del miércoles los fantasmas se venían con nosotros (risas).
– ¿Cómo fue finalmente ese regreso, con tanta gente acompañando?
– Realmente fue un fiestón. Había gente muy emocionada. Sentí mucha emoción, pero fueron meses trabajando y poniendo el pecho para que salga todo bien. Entonces cuando se bajó el telón, bajó el cansancio. Después nos fuimos a Tonos, guitarreamos y comimos empanadas. A las dos de la madrugada me fui, pero me contaron que siguió hasta las cinco. Fue esa la frutilla del postre.
Una trinchera frente a los embates de ayer y hoy
Hablar de Tonos y Toneles es, inevitablemente, hablar de una trinchera para la cultura durante la última dictadura cívico-militar. En aquellos tiempos, reunirse alrededor de la música o la poesía era un acto de resistencia ante la censura. Acevedo inauguró el boliche a pocos días de haberse instaurado el gobierno de facto, por lo que los allanamientos se convirtieron en algo cotidiano.
“Nos allanaron todas las fuerzas, desde la Policía Federal y de la provincia o el Ejército, hasta el Comando Radioeléctrico. Siempre digo en joda que la única que no nos allanó fue la Marina, porque no hay para desembarcar acá en el Suquía”, recuerda Tito, con el humor que lo caracteriza.
Tonos y Toneles resistió por la convicción de quienes entendían que la sociedad que querían no era la que presenciaban. El hecho de que cientos de personas se encontraran cinco décadas después, en medio de un clima negacionista de aquellos años e ideológicamente adverso para quienes veían el país con otros ojos, toma un valor especial. Como si resistir no fuera solo algo del pasado.
La memoria colectiva no sabe de claudicaciones cuando se canta y se comparte. Por eso, las más de 500 almas presentes en el Comedia entonaron al unísono la zamba De Alberdi, para cerrar una noche memorable.
Uno de los versos de esa zamba, popularizada por Los del Suquía, resume el espíritu de este reencuentro de medio siglo:
«Y hoy, y hoy te canto a mi manera, porque de ti no me olvido».
“Faltaba una canción que todos canten y se me ocurrió que debía ser el himno del Barrio Clínicas. Así que cantamos Zamba de Alberdi. Fue impresionante porque toda la gente se paró y cantó con nosotros”, concluyó Néstor, reviviendo la emoción y alegría en su voz.















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