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El Ofertón cumplió su sueño: «Estar en nuestra propia casa no tiene precio»

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Entre el bullicio de los clientes y el movimiento de una obra que está por finalizar, Miguel Bedirián no oculta su emoción: después de más de 30 años alquilando, El Ofertón acaba de abrir las puertas de su propia sede en el barrio Jorge Newbery. 

Con 36 años en el rubro, no es el primer cambio de dirección. Sin embargo, tal como dice el dicho “la tercera es la vencida”. Después de estar en dos locales distintos, la mudanza de octubre de 2026 quedará registrada como la más especial. “Estamos en nuestra propia casa y eso no tiene precio. Es una alegría extra, un momento que no tiene casi comparativa”, explica Miguel, dueño y fundador, a Mano a Mano. 

El mayorista de artículos para kioscos y almacenes ofrece bebidas, golosinas, snacks, productos de almacén y artículos de limpieza, perfumería y bazar. Ahora los clientes podrán encontrar todos esos productos y los mismos precios en un espacio más amplio. 

“Este comercio se ha destacado siempre por la buena atención y los buenos precios, así que seguiremos por ese camino”, asegura Bedirián y comparte la fórmula que lo acompaña desde sus inicios: la cercanía con quienes confían en su comercio para comprar. “Siempre digo que tenemos una fórmula que triunfa y es que estoy muy cerca de los clientes, tanto del que compra poquito como del que compra mucho. Me gusta dialogar con todos ellos, por eso pedí tener la oficina en la planta baja”, dice.

La inauguración oficial, del local ubicado en Mascias 166 esquina Juan B. Justo 6000, fue el pasado lunes. A pesar de ser feriado, los clientes no tardaron en llegar. Contento con el movimiento de los primeros días, el comerciante cuenta que, pese a que aún ultiman detalles de la obra en el depósito, están totalmente instalados. 

Actualmente, El Ofertón da trabajo a 15 personas y con la ampliación aspira a sumar nuevos integrantes a su equipo.  

Un sueño cumplido

Mientras comienza a escribir un nuevo capítulo en la historia de El Ofertón, Miguel mira hacia atrás y repasa el camino que lo llevó a seguir apostando a su trabajo.

El puntapié fue un negocio que arrancó junto a su primo hermano en 1989. La sociedad no duró más que ocho meses, pero sentó las bases de la que sería “La casa de la oferta”. Así se llamó en un principio el comercio que durante 30 años estuvo ubicado en el centro de Córdoba. 

Mientras las palabras pandemia, Covid-19 y restricciones eran moneda corriente, llegó la primera mudanza. Después de tres décadas, en octubre de 2020 tuvieron que abandonar la ubicación céntrica y trasladarse al barrio Alta Córdoba. “En Alta Córdoba tuvimos una buena etapa de seis años”, resume sobre la dirección que ocuparon hasta hace pocos días. Por casualidad, en el mismo mes pero seis años después, abrieron en su “casa» del barrio Jorge Newbery.

 

– ¿Cuándo comienzan a pensar en construir un espacio propio?

– Este es un lote que tengo hace más de 20 años. Siempre me lo quisieron comprar o alquilar, pero dudaba mucho. Yo pensaba que alguna vez se podría dar algo para uno. Y hace dos años atrás, en un momento familiar que fue un punto de inflexión, lo decidí. Le prometí a mi hija Liz -que es a la que le interesa el comercio- que si se hacía cargo ella, yo, con 66 años, iba a trabajar más que antes para transmitirle todo sobre el negocio. Y cumplí.

– ¿La idea también fue darle continuidad al negocio dentro de la familia?

-Totalmente. Invertí los ahorros de mi vida en este depósito, me la jugué por la satisfacción personal de seguir trabajando y la de poder dejarle algo a mis hijos. De un lado del lote está el gimnasio de mi hijo, Martín, y del otro el mayorista donde trabajamos con Liz. Con el lote solo no alcanzaba, pero me cargué de energía y entre todos estamos funcionando bien. Además, hace un tiempo que la pareja de mi hija trabaja con nosotros en la parte administrativa y los dos demuestran que van a andar muy bien.

– En 36 años atravesaron muchos cambios y vaivenes económicos del país. ¿Qué lo lleva a seguir apostando?

– Capaz pasa por mí, por la personalidad de uno. En mi caso particular, es que estoy bien de salud y con muchas ganas. Por eso sigo apostando exageradamente a trabajar, que eso es lo que me gusta. Soy nieto de armenios, el tema de la compra y venta me sale natural y fácil. Aposté porque me gusta lo que hago.

Después de 36 años detrás del mostrador, Miguel sigue apostando al trabajo con las mismas ganas que al comienzo.  Mira hacia adelante sabiendo que los ladrillos de su propio comercio son el reflejo de una pasión heredada que espera haber sembrado en su hija, una de las encargadas de que El Ofertón continúe creciendo en familia.

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