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El caballo como espejo del sentir

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El vínculo entre los humanos y los caballos es milenario. Sin embargo, hace poco más de dos décadas que en Argentina se empezó a estudiar algo diferente de esa relación: cómo estos animales pueden, con su lenguaje y percepción, ayudar a las personas a sanar emocionalmente. 

Durante treinta años Mariana Paramio ejerció como abogada especializada en victimología. Con su trabajo ayudaba a personas que habían sido víctimas de hechos delictivos. Hace diez años, por su salud, tuvo que ponerle un parate a su carrera profesional. Ahí fue que se acercó a los caballos, un animal que siempre le gustó. “Encontré en Pampa de Olaen un lugar para hacer cabalgatas y ahí conocí a una mujer que hacía constelaciones con caballos. Fue ella la que me acompañó a La Plata, donde ella había aprendido a constelar y donde también enseñaban las técnicas de sanación con caballos”, recuerda Mariana. 

La curiosidad se transformó en un largo camino de formación y aprendizaje. “Cuando frené me di cuenta de que no quería volver a ejercer como abogada, pero sí quería seguir acompañando a las víctimas”, dice en diálogo con Mano a Mano. Pasaron más de ocho años hasta que se animó a dar el paso de continuar con la victimología desde otro lugar, como facilitadora del vínculo entre las personas y los caballos.

– ¿De qué se trata la sanación con caballos?

–  Es una modalidad de terapia que se da con el caballo pie a tierra, es decir, en un vínculo de igual a igual con ellos. La base es la naturaleza del caballo. Es importante hacer una salvedad y es que los caballos no curan una enfermedad, ni física ni psíquica. Lo que ellos hacen es un acompañamiento en la sanación emocional, pero no se trata de seres mágicos. 

– ¿Cuáles son los beneficios que tiene?

– Lo más importante es que te ayuda a sentir, algo que la mayor parte del tiempo no hacemos porque estamos pensando. Por otro lado, ayuda a que los nervios y el estrés bajen y a que todas las hormonas de la felicidad – la serotonina, dopamina y endorfinas – se eleven. La persona encuentra la posibilidad de verse a sí misma y de gestionar sus emociones a partir de una conciencia plena. Es difícil de explicar y muy fácil de sentir.

– ¿Quiénes pueden hacer esta terapia? 

– Es para una persona que necesita ayuda emocional. La sanación tiene que ver con las emociones, los caballos son alucinantes para distinguirlas y mostrarlas. Lo que no trabajamos es sobre diagnósticos médicos. Cuando alguien se acerca con una enfermedad lo que sí podemos hacer es trabajar la causa o aliviar las cargas que tiene la persona a partir de ese diagnóstico.  

La percepción animal como eje

Los caballos que son utilizados en la terapia de sanación no están entrenados. Esto se debe a dos condiciones naturales de este animal. Por un lado, el tamaño de su corazón es cinco veces más grande que el de los humanos y, en consecuencia, late más lento. Cuando las personas se acercan y entran en su campo electromagnético, logran que su corazón empiece a latir a su ritmo.  Entrar en sintonía con su frecuencia cardíaca ayuda a liberar tensiones.

Mientras que la otra razón está vinculada a que los caballos son animales de presa. Es por eso que viven en un estado de percepción permanente: necesitan leer el entorno para saber si deben quedarse o huir. Esa capacidad los vuelve extraordinariamente sensibles al lenguaje corporal y a las emociones de los humanos. Los caballos no responden a lo que se dice, sino a lo que realmente sienten las personas: “Nos leen completamente -explica Mariana-. Para los caballos las personas somos un libro abierto, cuando nos miran nos están leyendo”.

– ¿Cómo comunican los caballos eso que leen de las personas?

– Una de las formas en que se comunican es por medio de su lenguaje no verbal, que nosotros los facilitadores estudiamos para decirles que está manifestando. Y la otra manera es por medio de figuras, como una puesta en escena que hacen los caballos entre ellos. 

– ¿Cómo se da el acercamiento y el vínculo entre las personas y los caballos?

– Para mí, una de las bases es el contacto físico. Los facilitadores hacemos que con algunos ejercicios ese vínculo se establezca de a poco. Otras veces no hace falta porque son los caballos los que contactan desde el principio a la persona que se acerca.

 

Una terapia para sentir

Mariana tiene un espacio en Unquillo, a 40 kilómetros de la capital provincial. Allí brinda talleres individuales y grupales, y también viaja a distintas ciudades del país con su propuesta itinerante. 

En cada encuentro, los caballos actúan como un espejo del sentir de las personas. Responden a la información que obtienen de quien se acerca con el objetivo de sanar. Algunas veces basta con una única experiencia; en otros casos, las personas vuelven de manera esporádica para trabajar nuevos temas. La terapia de sanación -también llamada coaching asistido con caballos- no requiere un proceso continuo en el tiempo. Esa característica, sumada a que el caballo no es montado, marca una diferencia con la equinoterapia.

“Los caballos te muestran cómo estás hoy, en el aquí y ahora. Por eso, a veces alguien viene por un tema y después vuelve por otro. Siempre recomendamos que los talleres individuales se repitan con una separación mínima de un mes, porque cuando termina la sesión es cuando uno empieza a digerir lo que sintió y a encontrar respuestas”, explicó la terapeuta.

Mientras que en los talleres individuales o mini grupales (de 2 a 6 personas) cada participante trabaja el tema que desea abordar, en los grupales de hasta 15 personas la temática es propuesta de antemano por Mariana.

 

La sanación emocional con caballos no tiene que ver con la magia. Por el contrario, invita a recuperar algo esencial: sentir. En ese intercambio silencioso, el vínculo con los caballos se transforma en sanador. 

Fotos gentileza Mariana Paramio

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