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«Sin recursos, las respuestas del Estado son una cáscara vacía»

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Su voz cortó con la frialdad de una conferencia de prensa para expresar la indignación que ya circulaba más allá de la sala. Mientras el fiscal Raúl Garzón destacaba el trabajo realizado por los canes para encontrar el cuerpo de Agostina Vega, la adolescente asesinada en Córdoba, Laura Vilches lo interrumpió desde el fondo: “¡Puede ahorrarse el cinismo, fiscal!”. La escena se viralizó en cuestión de horas y se convirtió en una de las repercuciones más contundentes de un femicidio que conmocionó a toda la provincia.

La discusión excede al caso particular. Para la periodista, referente del Frente de Izquierda y de la agrupación Pan y Rosas, el asesinato de la adolescente de 14 años dejó al descubierto una realidad que miles de mujeres conocen desde hace años: cuando el Estado no responde, son las familias, las docentes y las redes feministas las que salen a buscar, empapelan la ciudad con rostros de desaparecidas y construyen redes de acompañamiento frente a un sistema que -en este y otros casos- impone horas de espera. La urgencia no la marca la Justicia, sino una comunidad que entiende desde el primer momento que cada hora es decisiva.

La conmoción se trasladó rápidamente a las calles. El 3 de junio, tres días después de haber hallado sin vida a Agostina, miles de personas volvieron a movilizarse en el aniversario de Ni Una Menos. La marcha recuperó una masividad similar a la primera convocatoria en 2015 y nuevamente puso en escena algo más profundo que el reclamo por justicia para las víctimas de la violencia de género: el hartazgo acumulado frente a una violencia que sigue cobrándose vidas y a respuestas institucionales que, para amplios sectores, resultan insuficientes.

“La movilización fue enorme, sobre todo por la composición. Participaron familias completas, los sectores populares y laburantes. Fue una marcha popular que funcionó como vehículo de toda la bronca social y del desgaste de sectores que están atravesados por la violencia machista y que, con el caso de Agostina, vieron cómo las trata la justicia y el poder político”, sostuvo la ex legisladora y ex concejala por el por PTS-FITU.

Entre el primer grito de Ni Una Menos, el 3 de junio de 2015, y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas fatales de violencia de género en Argentina. La cifra equivale, según dio a conocer el Observatorio Ahora que Si Nos Ven, a un femicidio cada 31 horas. Para Vilches, esa realidad también explica en gran medida la magnitud de la movilización. 

A diferencia de quienes sostienen que después de once años el movimiento feminista volvió al punto de partida, Vilches consideró que tanto la sociedad como las redes de organización se han transformado en la última década.  

– Para mí la sociedad cambió un montón. No comparto la opinión de que estamos en foja cero. Probablemente si nada hubiera cambiado, yo hubiese quedado como una irrespetuosa frente a la autoridad del fiscal. Y pasó lo contrario, porque no pudieron, el fiscal y el gobierno, construir la impunidad que pretendían. Por otro lado, las respuestas que hoy damos a casos como el de Agostina, desde la Asamblea Ni Una Menos, tienen que ver con una red de contención, acompañamiento y asesoramiento profesional que ponemos a disposición de todos.

– ¿Qué pasó con las demandas que planteaba aquel primer Ni Una Menos?

– Creo que lo que ha sucedido es que aquel primer grito de Ni Una Menos solo obtuvo respuestas demagógicas de los distintos gobiernos. Crear la comisión de género en la Legislatura, el Polo de la Mujer o, en el área de la justicia, ocho fiscalías dedicadas a género son demagogia cuando no tienen recursos. Si no destinan recursos concretos, humanos y materiales, para atender las situaciones de violencia, las respuestas son una cáscara vacía.

– ¿El femicidio de Agostina dejó al descubierto estas falencias?

– Creo que sí. Desde el accionar del fiscal Iván Rodríguez, que dejó libre a Claudio Barrelier (principal sospechoso del crimen de Agostina) en 2025, por una causa que debía investigarse como posible delito de trata, hasta el fiscal Garzón, que barajó la hipótesis de que estaba viva cuando justamente, desde una perspectiva de género, hay que barajar la peor hipótesis. Estoy convencida de que esas omisiones tienen que ver con redes de trata. Entonces ahí ya no hay perspectiva de género que te salve.

La Comisión de Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba tiene en sus manos tres pedidos de jury para apartar al fiscal que hoy entiende en la causa y para investigar a Rodríguez. Uno de ellos fue presentado por la legisladora Noelia Agüero, del Frente de Izquierda, y el colectivo Ni Una Menos.

Un problema estructural

Para la referente feminista, la violencia de género no puede entenderse aislada. Por el contrario, está atravesada por condiciones sociales y económicas que impactan de lleno en las mujeres. El deterioro económico, la precarización laboral, la falta de vivienda y el empobrecimiento aparecen como factores que “exponen las vidas de las mujeres a todo tipo de violencia”

“La explotación sexual y la trata van de la mano con la vulnerabilidad económica. Y no es menor que las más golpeadas por el ajuste económico seamos mujeres. Las luchas contra la violencia en todas sus formas están vinculadas a nuestras demandas económicas ”, apuntó.

Mientras los gobiernos reducen y desfinancian políticas de género, en los barrios son las organizaciones las que hacen rifas, colectas, eventos o ventas de alimentos para ayudar y proteger a las víctimas de violencia. Hay un entramado que actúa cuando el Estado se retira. “Esto es una expresión del avance de Ni Una Menos en estos 11 años. Es la base sobre la que nos tenemos que apoyar para duplicar la apuesta. Debe existir una organización permanente que pueda dar una respuesta rápida ante cada caso”, dijo Vilches en diálogo con Mano a Mano.

 

Militancia cotidiana

Laura Vilches llegó a la conferencia de prensa del fiscal Garzón como cronista de La Izquierda Diario. El cruce que horas después se viralizaría en redes sociales no hizo más que poner en escena una trayectoria construida durante años de militancia colectiva. Referente de Pan y Rosas e integrante de la Asamblea Ni Una Menos, también fue legisladora provincial y concejala por el Frente de Izquierda.

 

Su recorrido también transcurre en las aulas. Es docente de Literatura, una experiencia que, asegura, le permite observar cómo impactan las violencias, crisis económicas y la coyuntura en los adolescentes. 

– En el caso Agostina se habló mucho del rol de la escuela como primera línea de contención. ¿Qué situación observas en las aulas?

– Creo que lo primero es poder hablar con los adolescentes. La sensación que tengo, desde mi experiencia, es que hay cierto sentimiento de soledad en los pibes y pibas. Y se entiende por qué tienen padres laburando más de doce horas, que cuando llegan a sus casas están agotados como para poder hablar. Pero los adolescentes necesitan espacios para hablar y adultos que podamos conversar con ellos. Y esto tiene que ver con la pelea de docentes, en su mayoría mujeres, por salarios dignos. Cuando peleamos por nuestros derechos laborales también luchamos para garantizar los derechos de las infancias y las adolescencias.

– ¿Qué hace falta hoy en las escuelas de la provincia? 

– Hacen falta dispositivos escolares. Equipos con psicólogos, asistentes sociales, psicopedagogos y docentes que cobren mejor para que podamos prestarles más atención a las preocupaciones y problemas del estudiantado. Además, deben volver las capacitaciones en Educación Sexual Integral.

En los diferentes espacios que habita, la lucha continúa. A once años del primer Ni Una Menos, la docente entiende que las redes tejidas son el resultado de la organización, la herramienta principal para enfrentar la violencia. Aseguró que el desafío es fortalecer esos lazos que sostienen al movimiento de mujeres y de la diversidad sexual frente a la “indiferencia y demagogia de los gobiernos que degradan nuestras condiciones de vida”. 

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