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Un cordobés en Israel: vivir en medio de guerras que no cesan
– No sé si alcanzas a escuchar lo que está sonando. Esa es una alarma extrema, tengo algunos minutos para ir al refugio.
Mientras el mundo observa de reojo la guerra en Medio Oriente, el periodista cordobés en Israel, Hugo Rosales, la vive en carne propia. En una charla interrumpida por la urgencia, cuenta cómo es vivir en guerra, cómo se “normaliza” la situación y también analiza la actualidad del conflicto que hoy cumple 41 días y que atraviesa por una frágil tregua.
El martes fue un día clave: se vencía el ultimátum impuesto por Donald Trump al régimen iraní para que levante el bloqueo al estrecho de Ormuz. En palabras del presidente de Estados Unidos, si no se alcanzaba un acuerdo “toda una civilización morirá para no volver jamás”. El posteo que realizó en Truth Social, en las primeras horas de ese día, dejaba poco lugar a la duda, ya que el mandatario expresó “no quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”.
No fue la primera amenaza que llegó a Irán desde la Casa Blanca. En diálogo con este medio, Rosales había advertido que posiblemente fuera otra declaración más, parte de una guerra que también se libra en el plano discursivo. “Desde el primer día escuchamos amenazas en estos términos… y acá estamos, escuchando idas y vueltas de un lado y otro. A mí no me sorprendería que salga otro comunicado dando marcha atrás”, dijo el periodista radicado en Jerusalén en diálogo con este medio durante la tarde del martes.
“Desaparecer un país es mandar a toda esa gente a la edad de piedra. Y no solo a Irán, porque ellos ante las amenazas responden con destrucción. No se quedan de brazos cruzados. El régimen iraní demostró en estos 40 días que tiene a quién pegarle y cómo pegarle para que a Estados Unidos y a la economía mundial le duela”, sostuvo Rosales sobre los dichos del mandatario estadounidense y el conflicto que se desató el 28 de febrero.
Los contraataques de Irán a las zonas aledañas, el Golfo Pérsico e Israel, comenzaron desde el día uno. Si bien Jerusalén es uno de los lugares menos agredidos del territorio israelí, por el valor religioso que tiene a nivel mundial -allí están los centros fundacionales de todas las religiones-, las medidas de seguridad, alertas e idas a los refugios se volvieron parte de la cotidianidad. Esta vez, la “Tierra Santa” ha sido atacada más de lo normal.
Más allá de sus dichos, en la medianoche del martes, cuando vencía el ultimátum, Trump acordó con Irán un alto el fuego por dos semanas.
No es una sola guerra
El miércoles, durante el primer día de una tregua que se suponía iba a “calmar las aguas”, Israel intensificó sus ataques en el Líbano contra Hezbollah, el grupo armado respaldado por Irán. La guerra contra el ejército paramilitar había estallado dos días después que la guerra entre Israel, Irán y Estados Unidos, y desde ese momento no frenó.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, descartó que la tregua alcanzada por Trump e Irán incluyera al Líbano. Después del ataque, el régimen iraní volvió a cerrar el estrecho de Ormuz que, por pocas horas, había abierto.
La realidad del conflicto cambia con el correr de las horas. La primera comunicación con el periodista cordobés fue el martes, en medio de las declaraciones de Trump y en la previa a que se acordara un alto el fuego de dos semanas.
Hoy, viernes 10 de abril, después de una primera comunicación interrumpida por el sonido de una alarma antiaérea, Hugo volvió a dialogar con Mano a Mano y contó cuál es el panorama actual.
– ¿Cómo fueron los días previos al alto el fuego?
– Esos días hemos tenido que ir a los refugios dos o tres veces al día. Otros días, pocos, fueron 10 veces al menos. Pero acá quien tiene un comercio, un supermercado o es trabajador esencial salió a trabajar normal, siempre que hubiera un refugio cerca. A principios de marzo se fueron flexibilizando las restricciones y, por ejemplo, en los centros comerciales o eventos ya podían estar 100 personas (antes el límite eran 50). Acá están pensando en que la semana que viene las escuelas puedan volver a la presencialidad. Entonces la gente trató de no romper la rutina más allá de lo necesario.
– ¿El acuerdo devolvió la “normalidad” en Jerusalén?
– Por el momento acá la actividad de ayer jueves y hoy han sido absolutamente normales. Abrieron las escuelas, los negocios, el transporte… salís a la calle y está como antes de la guerra. Pero si suena la alarma volvemos al mismo circuito de protección que mantiene gran parte del país. Más al norte siguen a cada rato corriendo a los refugios, es un ida y vuelta que no cesó.
– ¿La tregua frenó una guerra, pero no todos los frentes de conflicto que Israel tiene?
– Claro. La guerra en la frontera del Líbano con Israel es con Hezbollah, el grupo paramilitar que la Guardia Revolucionaria de Irán financia y ayuda con armamento y entrenamiento. No es con el gobierno democrático del Líbano, que está en desacuerdo con que este grupo esté en su territorio. Ese conflicto no paró nunca porque para Israel el alto el fuego no abarcaba todo. Es decir, no violó la tregua porque no entraba en el acuerdo la guerra con Hezbollah. Pero para Irán hay una rebeldía de Israel en no acatar las órdenes de Estados Unidos y frenar los ataques, pero eso no va a suceder.
– ¿Hay negociaciones entre Israel y el gobierno libanés?
– Sí, te diría que van a ir a negociaciones entre Israel con el Líbano, para ver cómo hace el Líbano para desarmar a los subversivos que han tomado mucho territorio y están armados con el objetivo de hacer desaparecer a Israel. Tienen el mismo objetivo que Irán. Las negociaciones van a estar, pero no va a dejar de haber guerra. No va a existir ese famoso alto el fuego que piden, porque esto no viene de hoy y hay muchos soldados y ejército movilizado en ese territorio.
La tregua entre Irán y Estados Unidos es por dos semanas. Este sábado, en Pakistán, está previsto que el vicepresidente de Estados Unidos, James David Vance, encabece negociaciones con Irán. Sin embargo, el Gobierno iraní insiste en que la negociación depende de que el alto el fuego se extienda también al Líbano. Israel no será parte de las conversaciones.
– ¿Podrían llegar a buen puerto esas conversaciones?
– La realidad es que Estados Unidos dejó de bombardear a Irán y como Israel iba junto a ellos, se retiró también del proceso. Lo que acá les preocupa es su propia frontera y en el fondo está luchando con el mismo enemigo que es Irán. Entonces mañana si llegan a negociar es sin haber logrado que se pare la guerra en el norte del Líbano y sin que se abra el estrecho de Ormuz que era la condición. Me parece que esto es una especie de recreo para reordenarse, porque los miles de soldados estadounidenses no se han retirado de acá, y ver qué negocian. Pero si Irán entiende que no se está cumpliendo con el acuerdo, ¿qué va a pasar el domingo o el lunes? ¿Volver a la guerra? Bueno, esa es la incógnita.
– ¿Percibís que haya temor entre los israelíes de que se profundice el conflicto en medio del alto el fuego?
– Mucha gente está en vilo porque los soldados que están en las guerras son miembros de las familias de acá. Son chicos de 18 a 20 años que les tocó estar como reserva o en el servicio militar. Eso acá está naturalizado como sociedad, de que es algo que se debe hacer por el país. Y lo mismo cuando hay bajo fuego, está totalmente asumido que si suena una alarma es como ir en la calle y que te pongan un semáforo en amarillo. Eso te avisa que viene el rojo, que tenés que irte a una zona segura.
Un cordobés en Jerusalén
La primera vez que Hugo visitó Israel fue en 2016. Con un grupo de peregrinos visitaron el Vaticano, para la beatificación del Cura Brochero, y extendieron el viaje para conocer Tierra Santa. “Me quedé asombrado. Fue una semana que estuve acá en esa oportunidad y me encantó porque no podía creer lo que veía. Acá conocí a una argentina que me invitó a volver y conocer más el país, así que volví por tres meses con una curiosidad periodística”, recordó el periodista.
Durante años su vida se repartió entre su tierra natal e Israel. Hasta hace tres años vivió tres meses en cada lugar, ahora ya cuenta con un permiso para permanecer en Jerusalén donde armó su familia.
Para Rosales es la cuarta guerra que transita desde que vive allí. “Las cosas que se ven son tremendas. Hay un gran desarrollo y evolución de la guerra desde la primera que viví. Es una experiencia sumamente interesante ver cómo se está usando ese desarrollo y cómo va a terminar. Pero lo que está en juego siempre es la vida de un montón de personas inocentes que no tienen parte en la discusión de líderes que se escudan en creencias religiosas”, señaló.
Y concluyó: “entonces pareciera ser que todos estamos sumidos en la edad de piedra con la que amenaza Trump para algunos, porque unos deciden sobre la vida de otros. Pero la gente acá está cansada de las guerras, conflictos y luchas”.
Por unos días, en Jerusalén la vida sigue su curso cotidiano. Los negocios abren y las aulas vuelven a llenarse, como si la guerra fuera apenas un lejano ruido de fondo. Sin embargo, aún no lo es.
En cualquier momento puede volver a sonar la alarma. Y entonces, otra vez, refugiarse.











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