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El deporte se juega con memoria

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El deporte siempre excede los márgenes de una cancha, pista, ring o natatorio. Está atravesado por la política, la identidad y la cultura de un país. La última dictadura cívico-militar argentina lo utilizó como estrategia de legitimación y propaganda. Mientras la pelota seguía rodando, 30.000 personas fueron víctimas del terrorismo de Estado.

La memoria también juega en el deporte. Recuperar y poner en valor las historias de los y las deportistas desaparecidos es la tarea que impulsa, desde hace 20 años, el periodista Gustavo Veiga. En Memorias para construir el futuro recopiló cincuenta historias de cincuenta atletas, socios e hinchas que hasta hoy nos faltan dentro y fuera del terreno de juego.

Como la memoria es una construcción colectiva, el libro reúne escritos de periodistas, exdeportistas y familiares de víctimas. Todos esos testimonios confluyen en una obra coral de 202 páginas, algunas de ellas escritas por la pluma del periodista cordobés Hugo Caric

Su aporte reconstruye la historia de Silvina Mónica Parodi. “En 2023 escribí para el diario Perfil Córdoba una nota sobre Silvina, la hija de Sonia Torres, la emblemática Abuela de Plaza de Mayo de Córdoba. Había visto que en el libro de Gustavo (Veiga), Deporte, desaparecidos y dictadura, aparecía su nombre. Entonces lo llamé y le pregunté si él había escrito la historia de ella. Y me dijo ‘no, la tenés que escribir vos’”, recuerda sobre la charla que motivó su participación en el libro que se presentó los primeros días de este mes en Córdoba. 

La nadadora cordobesa disputó el Sudamericano de Mayores de 1970 con solo 14 años.

En la “letra chica” de las semblanzas de Silvina que figuran en los sitios de memoria se alude a que era “federada en natación”. Esa mención despertó la curiosidad de Caric. Detrás de esa breve referencia, camuflada entre las descripciones de la joven secuestrada a los 20 años mientras cursaba el sexto mes de embarazo, había una fructífera trayectoria deportiva. En diez años, cosechó casi 200 medallas, trofeos y diplomas en competencias provinciales, nacionales e internacionales. “En esa época la abuela Sonia vivía, su testimonio fue muy amoroso. La describió como una reina en la pileta. Fue lindo entrevistarla porque era una parte de la historia de Silvina sobre la que nunca le habían preguntado”, dice el periodista. 

Silvina fue una de los 220 deportistas a quienes la dictadura les arrebató la vida y sus proyectos. Hugo señala que visibilizar sus historias es una forma de rendirles homenaje desde el periodismo deportivo, un ámbito que también puede “contribuir a la memoria”.

Explica que no solo se trata de reconstruir el pasado, sino también de poner en evidencia todo lo que aún falta por alcanzar. Después de la publicación del libro, en el marco de los 50 años del inicio del golpe de Estado, identificaron nuevos casos de futbolistas cordobeses desaparecidos que no integraban el relevamiento original. La memoria sigue siendo una búsqueda activa. 

«Memoria, Verdad y Justicia no es solamente pasado; también es presente y futuro. El libro sirve para marcar la cancha y que lo que ocurrió durante la dictadura no pase nunca más. Estamos en un momento que nos interpela a sostener esas banderas”, refiere.

Para el periodista, la recuperación de estos testimonios no debe limitarse a la literatura. También debe interpelar a las instituciones deportivas que todavía mantienen una deuda con quienes fueron parte de su historia. “Hay una deuda con los deportistas desaparecidos y es que no se los ha homenajeado formalmente en los clubes o federaciones de los que eran parte”, sostiene. 

Memorias para construir futuro se presentó en Luz y Fuerza. Foto: Juanjo Coronell

Mundiales y memoria 

Este jueves se cumplieron 48 años de la consagración de la Selección Argentina en el Mundial de 1978. La primera estrella bordada en el escudo permanece atravesada por una contradicción: el equipo dirigido por César Luis Menotti alzó la copa mientras, a pocas cuadras de algunos estadios, funcionaban centros clandestinos de detención, tortura y exterminio.

Si bien nada quita el valor deportivo de aquella conquista, repasar la historia permite comprender cómo la Junta Militar utilizó la Copa del Mundo para renovar su imagen. “Es una locura que se haya hecho en Argentina, pero hay que recordar que no había tanta conciencia en una sociedad que no discutió demasiado el golpe de Estado”, señala el periodista.

  • ¿Aún hay historias desconocidas sobre cómo se vivió el Mundial de 1978 en plena dictadura?
  • Sí. Por ejemplo, algo que pasaba en Córdoba era el “lancheo”. Así denominaban los militares a la actividad de llevar los detenidos de La Perla a los partidos y, mientras los vigilaban, esperaban para ver quienes se les acercaban. Lo mismo hacían en el complejo feriar y en el centro de prensa que funcionaba en la sede del Jockey Club Córdoba. Era la forma de identificar gente.

Caric recuerda un episodio, investigado por el periodista Pablo Llonto en el libro La vergüenza de todos, que da cuenta de la complicidad externa e interna que existió para que el evento se jugara en suelo argentino. Llonto descubrió que el entonces presidente de la FIFA, João Havelange, intervino ante Jorge Rafael Videla para conseguir la liberación del hijo de un diplomático brasileño secuestrado en Argentina. A cambio, se habría garantizado el respaldo para mantener al país como sede del Mundial. 

Videla estuvo presente en la final del mundo de 1978.

“La fecha, el aniversario del Mundial 78 nos interpela en medio de un nuevo mundial. Esto que vimos hace casi cincuenta años atrás lo vemos hoy, sin militares, pero con muchas complicidades por detrás”, dice en referencia al Mundial 2026 que se disputa en Estados Unidos, Canadá y México.

Para Caric, casi cinco décadas después, aquella complicidad de la casa madre del fútbol mundial no ha desaparecido. Resulta paradójico que, por primera vez en la historia, en un certamen inspirado en la hermandad de los pueblos un país anfitrión (Estados Unidos) se encuentre en guerra con una nación participante (Irán). 

Si bien los dos países mantienen un alto el fuego desde abril, los ataques no han frenado en Medio Oriente. La paz tampoco juega en la cita mundialista: Irán debió trasladar su base operativa de EE.UU a México. A pesar de disputar todos los partidos de fase de grupo en ese país, solo puede ingresar para jugar los 90 minutos y luego volver a Tijuana.

“Lamentablemente hay casos de sobra. Hay hasta hinchas que no pueden ingresar a ver a su equipo a Estados Unidos. Entonces, hay complicidades de la FIFA cuando dicen ‘no podemos hacer nada’ ante la deportación de un árbitro o los cacheos excesivos a una delegación”, comenta.

  • Hay sectores de la sociedad que le han pedido al seleccionado argentino que se posicione respecto al contexto de juego, ¿es necesario?
  • Es cierto que el deporte tiene mucha visibilidad e impacto. Pero no se le puede exigir a un deportista que haga lo que no hacen las personas que tienen más obligación de hacerlo. Sí podrían, sin meterse en la política macro, involucrarse con la salud de los futbolistas y cómo llegan con un calendario que no les da tregua y los expone física y mentalmente. Hoy estamos hablando de un mundial de 39 días, 104 partidos y 1200 futbolistas, la voracidad no tiene límite. Y nadie se planta frente a ello. Después hay cuestiones, como la del árbitro Omar Artan que fue deportado de EE.UU, que hubiera merecido otro tipo de manifestación.

Lo que ocurre con los mundiales, en las discusiones que van más allá de lo estrictamente deportivo, demuestra como sigue siendo un territorio privilegiado para disputar la cultura, los valores y la memoria colectiva. También es la oportunidad de recordar, cómo Lionel Messi lo hizo previo a Brasil 2014, que desde hace 13 mundiales Abuelas de Plaza de Mayo sigue buscando a sus nietos y que nos faltan 30.000 en las tribunas.

Lionel Messi, cara de la campaña de Abuelas de Plaza de Mayo en 2014.

Medio siglo después del comienzo de la época más oscura de nuestro país, siguen apareciendo nombres de deportistas desaparecidos. Todavía hay clubes que no homenajearon a quienes vistieron sus colores. Y todavía hay periodistas comprometidos por contar las historias que aún no se han visibilizado. “Queda tarea para seguir haciendo y eso está en el compromiso de cada uno. Porque es una militancia personal entender que el deporte excede ampliamente el resultado de un partido o que una pelota entre en un arco”, enfatiza el periodista.

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